Anécdotas que ya son leyenda
Historias que se cuentan en cada juntada, cada vez más exageradas, cada vez más graciosas. Versión "oficial", aunque seguramente cada uno la contaría distinto.
Martin insistió en que conocía una ruta "más directa" al restaurante en Cusco. Ignoró el GPS. Ignoró a Gabriel. Ignoró las señales que decían "zona sin salida". Caminamos 40 minutos cuesta arriba con Kenyi quejándose del soroche que supuestamente solo le daba a Martin. Cuando finalmente llegamos al restaurante, estaba cerrado.
Comimos salchipapas en una carretilla a dos cuadras. Fueron las mejores salchipapas de nuestras vidas. La señora que las vendía nos preguntó de dónde veníamos y cuando dijimos "de Lima" nos dijo "¿y vinieron hasta acá por unas salchipapas?". Martin dice que ese era el plan desde el inicio. Nadie le cree, pero nadie se queja.
La foto de las tres porciones de salchipapas en la vereda de Cusco se convirtió en la imagen más compartida del grupo. Se ha reenviado 14 veces a distintas personas. La señora de la carretilla no sabe que es una celebridad menor entre tres limeños.
Kenyi mandó al grupo una foto de su primer lomo saltado hecho en casa. Martin respondió "se ve bien pero le falta sillao". Gabriel no dijo nada. Kenyi no le habló a Martin por dos días.
Cuando volvieron a hablar, Kenyi había perfeccionado la receta y mandó otra foto con el texto "le puse más sillao, contento?". La verdad es que el segundo estaba increíble. Martin nunca lo admitió en voz alta pero pidió la receta por interno. Gabriel tiene screenshot de esa conversación y la ha usado como arma diplomática en al menos tres ocasiones.
Este incidente estableció una regla no escrita que después se formalizó: no se critica la comida del que cocina. A menos que uno esté dispuesto a recibir el tratamiento silencioso por 48 horas.
Para celebrar el fin de año fuimos a un karaoke. Martin eligió "Bohemian Rhapsody" convencido de que se la sabía completa. No se la sabía. Inventó el 60% de la letra. Lo peor — o lo mejor, depende de a quién le preguntes — es que lo hizo con tanta convicción que la gente de la mesa de al lado aplaudió genuinamente.
Kenyi cantó "Sueño su boca" de Raúl Romero y fue el momento más emotivo del año. Se paró del asiento, cerró los ojos, y cantó como si estuviera en un estadio. La mesera se detuvo a escuchar. Gabriel grabó un video que dura 3 minutos y 47 segundos y que Kenyi ha pedido que borre al menos seis veces. Gabriel no lo ha borrado.
Gabriel se negó a cantar solo pero hizo coros en ocho canciones seguidas con una seriedad que nadie esperaba. En un momento dado, su coro en "Pedro Navaja" fue tan bueno que Martin dejó de cantar la voz principal para escucharlo. Gabriel no se dio cuenta. O se hizo el que no se daba cuenta, que con Gabriel nunca se sabe.
La sesión de brainstorming para elegir el dominio fue caótica. Martin quería algo "con personalidad", Kenyi quería algo "que sea fácil de decir", Gabriel quería algo "que exista disponible, por favor".
Opciones descartadas: trespatas.com (ya tomado), lomosaltadoclub.com (muy largo), yape.pe (obviamente no disponible), lostres.pe (sonaba a telenovela), grupopaisa.com (sonaba a empresa), paisasdelima.com (sonaba a tour turístico), cevicheyfutbol.com (Kenyi lo propuso en serio).
Cuando alguien sugirió lospaisa.com hubo un silencio de tres segundos en la llamada. En el contexto de este grupo, tres segundos de silencio es equivalente a una ovación de pie. "Ya pe", dijeron los tres casi al mismo tiempo. Gabriel lo registró antes de que cambiaran de opinión. El proceso total de decisión tomó dos semanas. El registro tomó cuatro minutos.
En la laguna de Llanganuco decidimos que necesitábamos una foto grupal épica. Le pedimos a un turista alemán que nos tomara la foto. Martin dio instrucciones específicas sobre el ángulo, la composición, y "si puede, que se vea el nevado de fondo". El alemán asintió con paciencia germánica.
Sacó 15 fotos. En todas Martin salía con los ojos cerrados. En la única donde Martin salía bien, Kenyi estaba mirando algo fuera de cuadro (dice que vio un cóndor, nadie le cree, y la probabilidad de un cóndor en Llanganuco es baja pero no cero). Gabriel sale perfecto en todas porque Gabriel siempre sale bien en las fotos — es uno de sus talentos silenciosos.
Al final usamos una foto donde los tres salen más o menos bien si no haces zoom. Martin dice que "tiene carácter". Kenyi dice que "se ve el cóndor si miras bien". Gabriel dice "es una foto, no hace falta analizarla tanto". Esa foto es el fondo de pantalla del grupo desde hace seis años.
Gabriel decidió hacer costillas al horno para la Nochebuena. Marinó la carne desde el día anterior con una mezcla de ajo, comino, cerveza negra, miel, ají panca y "algo más que no les voy a decir". Se levantó a las 6am para meterla al horno. Controló la temperatura cada media hora como si fuera un experimento de laboratorio.
Kenyi llegó a las 7pm — temprano para sus estándares — y se comió tres porciones antes de que se sirviera oficialmente la cena. Martin trajo vino que "estaba en oferta" en un supermercado de Surco y resultó ser sorprendentemente bueno. Gabriel sospecha que Martin gastó más de lo que admite pero no insiste porque el vino estaba rico.
A las 2am, después del brindis y los abrazos y una ronda de anécdotas que ya se habían contado antes pero que igual daban risa, Gabriel dijo "esta fue la mejor" y por primera vez en la historia del grupo nadie discutió nada. Porque tenía razón. Y porque las costillas estaban tan buenas que generaron una tregua emocional sin precedentes.
El equipo contrario tenía un señor de unos 55 años, canoso, con rodillera, que parecía que iba a jugar tranquilo. Nos dribló a los tres en la misma jugada. No una vez — tres veces en el primer tiempo. Martin intentó marcarlo y el señor le hizo un caño. Kenyi intentó quitarle la pelota y terminó en el piso. Gabriel, que supuestamente es el más tranquilo, le hizo una falta táctica que el señor esquivó como si nada.
Perdimos 7-2. Los dos goles nuestros fueron autogoles del equipo contrario. El señor terminó el partido sin despeinarse, se tomó una Inca Kola, y se fue caminando tranquilo. Nunca supimos su nombre. En el grupo se le refiere como "El Señor" así, con mayúsculas, como título honorífico.
Ese partido generó una regla nueva: nunca subestimar al rival, especialmente si tiene rodillera y más de 50 años.
Para el cumpleaños de Martin, Kenyi y Gabriel planearon una cena sorpresa. El plan era simple: decirle a Martin que iban a un sitio casual y que en realidad había una mesa reservada con torta y todo. El problema es que Kenyi es incapaz de guardar un secreto.
Tres días antes, Kenyi mandó un mensaje al grupo equivocado preguntando "¿qué sabor de torta le gusta a Martin?". El grupo equivocado incluía a Martin. Hubo cinco segundos de pánico, tres mensajes borrados (que Martin ya había leído), y una llamada de Gabriel a Kenyi que duró 11 minutos y consistió principalmente en Gabriel diciendo "hermano" con distintos tonos de decepción.
Martin fingió no haber visto nada. La noche de la cena actuó sorprendido con un entusiasmo tan exagerado que los tres sabían que era actuación, pero nadie dijo nada porque la torta de tres leches estaba buena y el gesto valía más que la sorpresa. Martin después admitió que fue "la mejor fiesta sorpresa no sorpresa" de su vida.